Pérdidas de agua potable y de líquidos cloacales, basura, asentamientos, inseguridad y un tráfico que amenaza a fuerza de velocidad y descontrol. Estas son algunas de las características de la avenida Francisco de Aguirre, que corre a lo largo de gran parte del límite norte de la ciudad. Para muchos vecinos, vivir en esta zona es una especie de aventura desagradable que consiste en exponerse a los ladrones, en correr el riesgo de terminar atropellado, en soportar el hedor que causa la basura desparramada y en andar a los saltos para esquivar los charcos de líquidos dudosos.

"¿Y si pusieran algunos semáforos más? No cuesta demasiado y nos vendría muy bien, porque desde que empezaron a entregar las casas de Lomas de Tafí hay mucho más tráfico que antes", reclama Mirta Miranda mientras señala un camión que pasa a mucha velocidad por Francisco de Aguirre al 1.900, cerca de la intersección con Paso de los Andes. Esta esquina es emblemática: sus habitantes y los comerciantes que trabajan allí realizaron varias protestas tras la muerte de un vecino que había sido atropellado.

El canal Norte marca el fin de la ciudad, pero para los vecinos posee una connotación terriblemente negativa: lo señalan como la guarida hacia la cual escapan los delincuentes luego de cometer robos en la avenida y en las calles aledañas. Entre quienes denuncian esta situación se encuentran los pacientes del CAPS Canal Norte: "venir al médico caminando es un peligro, especialmente a la tarde, porque los ladrones aparecen desde cualquier lado y te arrebatan", denuncia Irma Giménez (68 años). Ella denunció que fue víctima de tres robos. Esta avenida, que se extiende desde Juan B. Justo hasta Las Américas, parece concentrar todos los problemas posibles que puede padecer un vecino.